Archive for March, 2010
30 March One Day At A Time – 329
29 March One Day At A Time – 328
26 March One Day At A Time – 327
25 March One Day At A Time – 326
24 March Las cosas del fútbol
Se ha hablado mucho del “vídeo de Guardiola” aunque, que yo sepa, nunca desde el enfoque que aquí propongo.
Mi intención es iluminar partes del asunto que hasta la fecha habían quedado en la sombra para, una vez expuestas, resaltar algunos elementos del Storytelling que a mí me parecen fundamentales.
Desde hace mucho, el Barça ha utilizado slogans que buscan motivar no solo a los jugadores sino también y sobre todo a su público. Uno que caló hondo y se grabó en el inconsciente colectivo es el conocido: “El Barça es més que un club” (“El Barça es más que un club”).
El slogan, especialmente ambiguo, ha alimentado el imaginario popular y ha superado todas las expectativas. No se dice qué es exactamente el Barça, con lo que se deja a la libre interpretación de cada uno. Ingenioso, ¿verdad?
Esa simple frase sirve de paraguas para que familias, trabajadores y empresarios, ciudadanos de a pie y políticos se sientan hermanados. Barceloneses, catalanes, inmigrantes y emigrantes, todos se unen bajo la bandera blaugrana.
¿Todos? Todos todos, no, claro. Siempre hay excepciones. En este caso existe la clásica competencia con el Real Madrid. Una rivalidad deportiva que resulta rentable para ambos equipos, y que se ha extendido a otros ámbitos como el informativo, el político o el cultural.
Es lo que podríamos calificar como “efecto percha”. El Barça, un equipo de fútbol, se convierte en algo del que colgar otras cosas. Y es que, para muchos, ese “més que un club” quiere decir que el Barça es, o representa, a Cataluña.
Llegados a este punto, es fundamental entender algunas de las señas con las que el ciudadano catalán se siente identificado.
El catalán es trabajador, esforzado y voluntarioso. En resumen, lo que aquí llamamos “un bon jan”. La traducción sería “un buen chaval”, sin connotaciones peyorativas de ningún tipo, más bien con una dosis importante de cariño y apreciación positiva.
Para mí no es casual que, más allá de su valía profesional, Guardiola esté funcionando tan bien como entrenador: es la encarnación del tipo de joven que pondríamos como modelo a imitar.
Prosigamos. Cuando el club (¡que es más que un club!) ficha a un jugador extranjero, lo primero que el recién llegado debe entender es precisamente eso: que “El Barça es més que un club”. Y, ya puestos, su vida profesional mejorará cuando comprenda que en Cataluña el idioma es seña de identidad, por lo que resulta perentorio que aprenda a decir algunas palabras en catalán. A partir de ese momento tiene garantizado que la afición le adorará (tanto o más que si mete muchos goles).
Lo que tal vez se le escape es algún matiz de la lengua que denota ese carácter específico. Aquí, cuando alguien requiere tu atención, son habituales expresiones como “mana’m” (“mándame”), en lugar de un simple “dime” o un “¿Qué quieres?”.
Aunque sólo se trata de un ejemplo, espero en que sirva para configurar esa auto-imagen que el ciudadano catalán tiene de sí mismo. Y es que, por norma general, cuando los catalanes nos miramos al espejo nos vemos como gente honrada a carta cabal. Sufridos, pero con una entereza moral indiscutible. Tanto, que algunos no dudarían en tildarla de superioridad.
Y es que, por norma general, los catalanes llevamos un masoquista dentro. ¿Quieren otra prueba? Mientras en muchos países se celebran las victorias, en Cataluña hemos institucionalizado como fiesta nacional el 11 de septiembre. Ese día conmemoramos la fatídica fecha, allá por el año 1714, en que las tropas borbónicas de Felipe V entraron en la ciudad de Barcelona tras catorce meses de sitio y abolieron las instituciones catalanas.
¿sí?
Volviendo al fútbol: es esa mezcla de altanería y masoquismo la que, liga tras liga, año tras año, arrastra al público al estadio o frente al televisor con la esperanza de alcanzarse con la victoria.
Y en esto radica la genialidad de la maniobra de marketing del Barça: gracias a esta apropiación de los ideales catalanes, la victoria está garantizada.
¿Cómo dice? Pues eso, que el Barça siempre gana. Incluso cuando pierde. Puede que en esas ocasiones, más.
¿Cómo es posible? Gracias de nuevo a la identificación con los valores nacionales. Y, si no me creen, lean esta famosa cita del tristemente desaparecido presidente Lluís Companys: “Tornarem a sofrir, tornarem a lluitar, tornarem a véncer.” (“Volveremos a sufrir, volveremos a luchar, volveremos a vencer”).
Es decir, si hoy gano, gano. Y si hoy pierdo, es señal de que mañana ganaré (además de que hoy , moralmente, me siento victorioso). Impresionante, ¿no?
Y, ahora sí que sí, es cuando volvemos al tema que enuncié en principio. ¿Lo recuerdan? El vídeo, eso es.
El Barça, en una temporada espectacular, llega a la final de la Champions.
El entrenador, (un “bon jan”, no lo olviden), quiere animar a sus hombres y decide pasarles un “vídeo motivacional”. Son siete minutos diez segundos de un remontaje de algunos de los planos de la película “Gladiator” (¿estaría al tanto la SGAE?), remezclados al más puro estilo posmoderno con imágenes de los propios jugadores en situaciones claramente identificables.
Sí, ritmo trepidante y música épica, la de la propia película (Teddy, apunta: el video sigue colgado en Youtube). Hasta aquí, la información conocida.
Ahora, yo me pregunto (aunque estas escenas no se visionen en el remontaje): ¿a quién se le ocurriría poner imágenes de una película que, por muy épica que resulte, termina con la muerte del protagonista?
Y no hablo de Santi Padró y Jordi Gayà, autores materiales.
Me refiero a… ¿Qué tipo de persona querría motivar a su gente presentándoles a un hombre que, se sabe, va a morir?
Aquí es a donde quería llegar.
Sé perfectamente que se entremezclan otros factores que obvio: Spielberg o Pavlov les podrían hablar de ellos durante días. Y, aún prescindiendo de ellos, resulta evidente que sólo alguien que conozca bien el carácter de su público puede jugar semejante baza.
Sacrificio, Puccini, hombres sudados, fuegos artificiales, estadios vociferantes y jugadores del Barça en momentos gloriosos. Todo mezclado a la “Maria Antonieta” (la de la Coppola) y suministrado a oscuras, en comunión, antes de volver “a la arena”.
Me dirán: noooo. No puede ser. Lo de que sean imágenes de Russell Crowe, el héroe que muere aunque moralmente vence al zafio emperador, es casual.
Yo mismo me lo he dicho en varias ocasiones, pero mi olfato de storyteller me ha llevado la contraria. El buen narrador conoce a su público.
¿Que no?
La confirmación me vino el otro día cuando, leyendo la prensa, descubrí que en el partido contra el Málaga, “bon jan” Guardiola había echado mano una vez más de los “vídeos motivacionales”.
Esta vez no se trataba de imágenes de un Russell Crowe abocado a la muerte. Ni siquiera eran imágenes de ficción. En esta ocasión (¡Arriba la posmodernidad!) se recurrió a un documental. ¿Y entonces?
Déjenme exponer el contenido del video: se trataba de imágenes que contaban cómo, en mayo de 2008, una expedición formada por quince alpinistas intentaba rescatar a Iñaki Ochoa en el Annapurna. Sobra decir que la misión fue infructuosa: el montañero no logró sobrevivir.
¿Siguen creyendo que es casual? No insistiré más. Les dejo con sus reflexiones y con un fragmento de un bello poema de Salvador Espriu, epítome de la catalanidad: “Assaig de Càntic en el temple” (“Ensayo de cántico en el templo”).
“Però no he de seguir mai el meu somni
i em quedaré aquí fins a la mort.
Car sóc també molt covard i salvatge
i estimo a més amb un
desesperat dolor
aquesta meva pobra,
bruta, trista, dissortada pàtria”.
“Pero no debo seguir nunca mi sueño
y me quedaré aquí hasta la muerte.
Aunque soy también muy cobarde y salvaje
y quiero además con un
desesperado dolor
esta mi pobre,
sucia, triste, desdichada patria”.














