8 February One Day At A Time - 293
En marzo de 2009 se anunció que se dejaba de comercializar la clásica caja de una docena de Donuts®. En su lugar aparecía un nuevo envase: un paquete unitario, un Donut® envuelto en plástico. La explicación facilitada en su momento fue que se pretendía mejorar las condiciones higiénicas y la durabilidad del producto.
Para apoyar el lanzamiento se regalaron unidades con el nuevo envase y se emitió un spot televisivo protagonizado por un conocido actor español. El argumento de venta del anuncio era que, gracias a las características del nuevo pack, podías desayunar en tu casa porque “tus Donuts® se mantienen tiernos durante toda la semana“.
Lo que sigue no es una leyenda urbana, algo que le pasó a un amigo de un amigo de un amigo, es algo que seguro todos habéis protagonizado en un momento u otro de vuestras vidas: es temprano y aunque ya estás en la calle todavía tienes sueño. Entras en un bar, te sientas a la barra y pides un café. Mientras el camarero lo prepara observas el expositor que hay frente a ti. Vacío. Perfecta y tristemente vacío. Llega el café, precedido de un olor fuerte y amargo. Piensas: “sería estupendo comer algo que me ayudara a ingerirlo. Algo delicioso que me haga empezar bien la mañana”. Vas a preguntar, a sabiendas de que la respuesta va ser un no. Y, en ese momento, se abre la puerta del local. ¡Efectivamente, es él! Un hombre llega al rescate. Porta entre sus manos una bandeja con unas cuantas cajas de… ¡Donuts® recién hechos!
Ese repartidor anónimo acaba de salvarte el día.
Hace una semana (el 20 de enero) apareció en la prensa este titular: “Panrico® resucita el Donut® a granel”. Le acompañaba una nota breve que resumía los cambios directivos sucedidos en la empresa en los últimos años y la intención de que, a partir de ahora, ambos formatos “unitario” y “granel” coexistan en el mercado.
Nada más.
No perdáis el tiempo visitando la web de la empresa. Un simple banner anuncia lo que ya os hemos contado: el regreso de los Donuts® sin envasar en bares y panaderías. Si clickáis sobre él, pasaréis a la página del producto, en la que en primer lugar aparecen… ¡los Donuts® monodosis!
Aunque no han dado cifras concretas, resulta evidente que la vuelta del producto a su presentación clásica se debe al descenso de ventas.
Quien fuera que ideó la estrategia de venta del producto y las diversas formas de presentación se equivocó. Y lo hizo, probablemente, porque ignoró el verdadero valor del producto.
Del mismo modo que la empresa familiar dio paso al fondo de capital riesgo, lo viejo dio paso a lo nuevo: la profilaxis, el interés personal, la comodidad y el sentido práctico salían victoriosos… o eso pareció durante unos meses. Un año después los Donuts® regresan por docenas, aunque sólo nos hayamos enterado por una nota en la sección de economía o por un banner más solitario y triste que cualquier barra de bar.
Ahora era el momento de contar una gran historia: de reconocer que las empresas (los directivos responsables de ellas) comenten errores. Era la ocasión de aceptar públicamente que el consumidor conoce y valora mucho más el producto que el fabricante. Ésta era la oportunidad para apreciar las inmensas posibilidades que estas situaciones brindan, dar las gracias a los clientes y devolverles con todos los honores el producto original. ¿Alguien puede imaginar una situación mejor para que se llevara a cabo esta comunión entre cliente, marca y fabricante? Como decíamos, ha pasado una semana y no ha pasado nada más.
En estos tiempos en los que tanto se habla de conocer a tu cliente, deberíamos empezar por conocernos a nosotros mismos (y a nuestros productos) y entender qué compartimos.
¿Cuál es el valor de un Donut®? O mejor aún, ¿Qué es un Donut®? Si queréis saber nuestra opinión, os la contaremos cuando nos encontremos una mañana de éstas frente a un café… y unos Donuts®. Los nuestros, por favor, que sean a granel y con agujero.